Miriam Calle pasó más de cuatro décadas enseñando en las aulas de la Universidad de Guayaquil. Durante años llegó al campus para impartir clases, preparar materiales y acompañar a sus estudiantes.
Hoy regresa al mismo lugar, aunque con un propósito distinto. Ya no ocupa el escritorio frente al pizarrón. Ahora toma asiento junto a personas de su misma generación para pintar, bailar, cantar y participar en actividades que buscan mantener activa su mente y su cuerpo.
Hace apenas un mes se jubiló y asegura que tenía claro cuál sería su siguiente paso. “Yo ya conocía este proyecto desde que se estaba planificando y dije: ‘Cuando me jubile quiero estar aquí. Me jubilé de un espacio físico, pero jamás de la docencia’”, comentó la mujer de 70 años.
Miriam forma parte de los primeros 30 adultos mayores que participan en Aula Dorada, un proyecto impulsado por la Universidad de Guayaquil para promover un envejecimiento activo mediante actividades físicas, cognitivas, artísticas y tecnológicas.
Los participantes son jubilados de la institución, así como padres, madres y abuelos de docentes, trabajadores y estudiantes.
“Quise probar todo. He bailado, he cantado, he pintado y en cada actividad me he sentido bien”, relató.
Actividades para un envejecimiento activo y saludable
La coordinadora de Protección Social y Bienestar Universitario, María José Albán, explicó que el proyecto nació hace cerca de seis meses, luego de analizar el crecimiento de la población adulta mayor y la necesidad de crear espacios que favorezcan su bienestar.
“El objetivo es fomentar un envejecimiento activo y saludable. Muchos adultos mayores permanecen solos en casa porque sus familiares trabajan. Aquí encuentran actividades, nuevas amistades y una red de apoyo”, señaló.
Las actividades se desarrollan alrededor de cuatro ejes: mente, cuerpo, tecnología y convivencia intergeneracional.
Además de talleres de memoria, pintura, música, danza y actividad física, los participantes reciben clases de alfabetización digital para aprender a utilizar herramientas como el correo electrónico, redes sociales y banca virtual.
Ese intercambio también involucra a estudiantes universitarios que realizan sus prácticas preprofesionales acompañando a los adultos mayores.
Un espacio para “aprovechar el tiempo”
Alejandro Calderón, de 84 años, concentrado en una hoja llena de letras. Busca palabras escondidas en compañía de la docente que le acompaña. En su momento fue mensajero de la universidad, ahora pasa su tiempo en el taller.
“Me gusta venir porque aquí uno pone a trabajar el cerebro”, dijo entre sonrisas.
Contó que fue uno de sus hijos, trabajador de la universidad, quien lo animó a inscribirse. Aunque reconoce que resolver ejercicios de memoria representa un reto, ya piensa en las siguientes actividades.
“Quiero aprender guitarra. Siempre me gustó la música”, expresó.
Con esa misma alegría encontramos a Lucila Pincay quien observa una mesa llena de pinturas. Tiene 78 años y asegura que nunca antes había participado en un espacio parecido.
Antes de ingresar a Aula Dorada, sus días transcurrían casi por completo en casa, dedicados a pequeños arreglos de costura.
“Ahora quiero aprender todo lo que nos enseñen. Me gusta pintar y hacer los ejercicios de memoria. Hay que aprovechar el tiempo”, comentó.
María José Albán explicó que el proyecto empezó con un grupo de 30 personas por la capacidad del espacio, aunque la acogida ha motivado a planificar un horario adicional durante las tardes.
“Queremos que ellos mantengan su vitalidad, su funcionalidad y, sobre todo, que construyan nuevas redes de apoyo. Ya tenemos grupos de WhatsApp y, cuando terminan las actividades, salen juntos a conversar o a compartir un almuerzo”, contó.
Julia Rodríguez, de 77 años, ya había participado en vacacionales que la Universidad realizaba, pero se quedaba triste una vez acababa. Por eso cuando escuchó del taller no lo dudó: “contenta porque nos olvidamos un rato del estrés que uno lleva en casa”, dijo.
“Hoy hasta cambié una terapia en el médico para venir. No quería faltar porque aquí me siento muy bien”, confesó.
Cada lunes y martes, el salón vuelve a llenarse de conversaciones, pinceles, juegos de memoria y canciones.
F: El Universo
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