Ecuador, al igual que las otras naciones afectadas por El Niño, debe tomar conciencia de lo que significa el impacto de un fenómeno natural recurrente que trae impredecibles consecuencias, ya sufrimos amargas experiencias en los años 1982-1983 y 1997-1998, lecciones que deben servir de referencia para que el Gobierno central y los seccionales cumplan con su deber. No basta con que el Gobierno central disponga la elaboración de planes de contingencia a los cantones y provincias de mayor vulnerabilidad. Es necesario una acción contundente y definitiva, ahora mismo se está haciendo lo de siempre: autoridades nerviosas y asustadas reaccionan cuando el fenómeno ya está presente, apuradas y desordenadas improvisan defensas momentáneas para la población, buscan albergues, rutas de evacuación, raciones alimenticias, todo con asombrosa improvisación, resultado, altos costos y poca efectividad; 40 años que no hemos hecho nada serio al respecto, cada año el mismo escenario, sufrimiento por inundaciones, sequías, deslaves, incendios, pérdida de vidas, etc. Controlar los caprichos de la naturaleza es imposible, pero intentar controlar la hidráulica natural en la costa, especialmente en la cuenca del río Guayas, donde los estragos son mayores, es posible.

La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, que conoce y está consciente de la gravedad de la amenaza, debe declarar prioridad nacional el fortalecimiento de acciones de prevención y, en coordinación con las instituciones públicas y privadas involucradas, debe diseñar y ejecutar un plan nacional integral, en el que a corto plazo (un año) se mantengan y construyan nuevas alcantarillas de diámetro suficiente en la ciudad y en el campo desazolvar, enanchar y/o profundizar los ríos, construir muros en sus orillas. En el mediano plazo (tres años) se deberán construir diques en los afluentes de los ríos principales, como el Daule y el Babahoyo, que no solo retendrán agua, sino también sedimentos, material que tanto daño hace al río Guayas, también construir trasvases y lagunas artificiales. Para el largo plazo (cinco años) se debe pensar en la construcción de proyectos multipropósito que no solo evitarán las inundaciones, sino que servirán para construir centrales hidroeléctricas de mediana capacidad (50 MW), habrá agua para riego en verano y agua potable disponible, proyectos que deben ubicarse entre las cotas de 500 y 1.000 metros sobre el nivel del mar. Con todas estas obras, la hidráulica natural de la costa estará en gran parte controlada, su costo será recuperado con la defensa de la producción agrícola y la disponibilidad de energía eléctrica propia.

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